Mr. Wonderfull, es usted un hijo de puta

de J. C. Ibarz


   Hace tiempo que me rondaba por la mente escribirle después de ver una de sus tazas en un escaparate de una tienda de decoración, de esas alocadamente cuqui que te cagas. 

   Voy sin rodeos:

   En primer lugar es usted un emotraficante, es decir que trafica usted con la cura moral a base de frases que solo actúan como parches, como pajillas existenciales que eliminan el verdadero placer de salir de la mierda, después de meses de depresión y autodestrucción severa. No quiero su mierda paliativa. Quiero alcanzar el clímax tras varios días o incluso meses de autocompadecerme por ser como soy, por no resolver mis problemas internos a tiempo o de forma torpe. En cualquier caso, son mis asuntos y ver sus frases no ayuda en absoluto, solo retrasa la catarsis. No necesito que alargue mis días grises, interrumpiéndolos con minutos prefabricados de arcoíris y eslóganes de autoayuda. Debería arder en el infierno de los gurús de la pseudofelicidad. Ojalá el diablo le meta una vara ardiendo por el colon mientras Aless Gibaja le recita todas sus frases, para saber en sus carnes el efecto que causa su obra sobre la agonía ontológica. Sin acritud.

   No tiene usted derecho a meterse en la cultura y mucho menos en el arte, con sus diseños basados en la infantilización intencionada que retrotrae a su infancia a los que le consumen, donde sus palabras balsámicas actúan como una cascada de palabras condescendientes de una madre permisiva. Una madre que no arropa, sino que lanza una frase biempensante con ánimo entrañable porque tiene demasiado trabajo y otros niños a los que atender. Se aprovecha de una generación inmadura y con pocas herramientas para salir adelante porque se cree demasiado especial. Pero eso no le da derecho a utilizar eso en nuestra contra para vendernos mierda que no necesitamos. Se aprovecha de la idea de que los niños se recuperan mejor de los pasajes traumáticos, pero obvia usted el hecho de que los adultos se vuelven complejos, llenos de sesgos, prejuicios y traumas profundos sin resolver. Eso es terrorismo emocional.

   En términos morales, tampoco tiene derecho a combatir el drama humano, porque mata usted la esencia del ser humano. El sufrimiento existencial es inherente y se necesita tiempo para adaptarse, pero lo hará porque evolucionamos contando con la miseria y el dolor en nuestros periodos vitales. Y mire usted, si Bukowski se permitía lanzar alguna frase demasiado cursi es porque él buscaba sus propias frases para asomar la cabeza de sus mierdas de vez en cuando. Él sabía de lo que hablaba. Pero dudo que usted haya estado en las mismas tesituras que el bueno de Hank y esa es la gran diferencia, algo esencial que usted se ha apropiado para hacer negocio. Es usted un usurero emocional.

   Por eso creo que es usted un hijo de la gran puta, Mr. Wonderfull, y alguien se lo tenía que decir con todas sus letras. Hijo de puta infinito.

   Que le vaya bien en la vida…

   Inspirado por Soy una Pringada y dedicado a ella por enseñar su «luz».