Vamos a cantar la internacional

de Lucas Albor


   El otro día estuve viendo un reportaje en la Cuatro de peña que estafa a gente con terribles dolencias incurables y cosas así. Eran médicos con mogollón de diplomas falsos que te salvaban de una muerte segura a través de hierbas curativas e infusiones milagrosas. Había uno que era capaz de predecir las enfermedades que ibas a tener en los próximos 10 años, analizando una gota de sangre. Todo mentira, claro. Pero el tío te clavaba de 500 pavos para arriba.

   En algún momento salió un chaval con leucemia que había palmado porque, sabes, pasaba de la ideología oficial del régimen fascista, los hospitales y los tejemanejes de las farmacéuticas. En realidad el pibe no salía, porque estaba muerto, salía su padre enseñando una foto de cuando estaba vivo. Por lo visto al chaval le iba más el rollo naturalista y lógicamente palmó, y el viejo todavía tenía los santos cojones de denunciar al estafador. A mí me dio mucha pena que se muriera el chico, pobrecito, pero hay que ser idiota. Los médicos le decían que quimio y radio y él que una polla, que eso se iba con reposo y dieta absoluta, como una gastroenteritis. Que al él no le iban a engañar esos lacayos de la sociedad de consumo con sus batas y sus informes adulterados. Tres dientes de ajo picado y medio limón.

   Me dio por pensar en Spinoza. Así que ahí estaba, sentado enfrente del televisor con una cerveza, recordando mis años de carrera mientras en la pantalla desfilaba un aglomerado de enfermedades terribles, estafas, y familiares presentando denuncias en los juzgados.

   Spinoza decía que cuando todo te va bien solamente te fías de tu propio criterio, vas a saco con lo que sea, eres el puto amo, un CR7 cualquiera. Pero cuando las cosas se ponen jodidas, pues te dejas llevar por cualquier mierda, cualquier superstición o creencia, por absurda que parezca. Porque estás desesperado. Si los médicos te dicen que vas a palmar, te suda los huevos dejarte todos tus ahorros y los ahorros de toda tu familia en un engañabobos. Mejor creerse al tío que te dice que te va a salvar la vida. Tiene sentido, ¿no?

  Pero en realidad el chaval de la leucemia no iba a morirse. Ósea, la tele decía que si hubiera seguido el tratamiento medico y eso, en vez de tratarse con agujas o hierbas o reposo, se habría curado. Entonces pensé que todo era más simple, el chaval era idiota y por eso se había muerto. Sin más. Me terminé la cerveza y decidí que a Spinoza le podían dar por el culo. Quiero decir, por muy desesperado que estés, tienes que saber que las pitonisas, los naturalistas, los comerciales de Planeta, etcétera, van a sacarte la pasta y punto. Entonces cambié de canal y abrí otra yonquilata.

   Y ahí estaba Pedro Sánchez. Aleluya. Joder, eso era más interesante que la mierda de documental de la Cuatro. Pedro el Rojo, eufórico, hablando de cerrar viejas heridas y coser el partido y tal, y por supuesto diciendo que aquí está la verdadera izquierda y que iban a joder a los fachas corruptos del PP. Algo así decía, pero más de buen rollo, sonriendo todo el rato. La gente aplaudía y le jaleaba. Pedro Sánchez. Qué grande. Reventando el aparato, clavándosela hasta el fondo al establishment. Presidente, presidente.

   Pedro Sánchez, otra vez secretario general. El de los peores resultados en la historia del PSOE. El que hizo un pacto de investidura con C’s porque Podemos es ETA y tal. El que se largó por la puerta de atrás porque en Ferraz no le quería ni Dios. El que hoy te dice que es socialdemócrata, mañana te dirá que es comunista y pasado mañana que es liberal moderado. Pero la gente cantaba la Internacional y era feliz pensando que por fin el PSOE había virado a la izquierda y en la tertulia política como que rabiaban un poco. Las bases habían derrotado al aparato, decían, vuelco en el seno del partido. Populismo, decían. Apagué la tele y me puse a leer una novela de fantasía, magos, elfos, y después me fui a dormir.

   Hay que estar muy desesperado, ¿no? Supongo que el chaval de la leucemia se sentiría guay guardando reposo mientras el cáncer le devoraba por dentro. Que le jodan a la quimio, se diría, que le jodan a la radiación, diría, que le jodan al establishment. Vamos a cantar la Internacional.