Belleza subjetiva

de Juan Cabezuelo


   Me miro al espejo, acabo de despertarme, son las cuatro y veinte de la madrugada y no estoy en uno de mis mejores momentos. Me acerco e inspecciono mi cara, manchas en la piel, un poco de dermatitis, mal afeitado y algunos pelos rebeldes que se hacen ver con descaro entre las cejas, los agujeros de la nariz y las orejas... vale, no soy lo que se dice una belleza exótica precisamente, pero... ¿soy guapo?


   La verdad es que no entiendo muy bien el concepto de belleza, cada día le digo a mi mujer lo guapa que está y ella me recrimina con un <<Vos estás ciego>>, yo vuelvo a mirarla e incluso la encuentro más guapa todavía que hace un minuto, así que me pregunto ¿de verdad ella se ve fea? y si es así ¿por qué la veo yo tan guapa?

   En el curro algún compañero me come la cabeza con que tal enfermera está muy buena o no sé qué auxiliar es preciosa, yo las miro de reojo cuando paso a su lado y pienso en quién pensarán ellas que está muy bueno. Luego se lo comento a otro compañero y este me da su listado de chicas guapas que no tiene nada que ver con el primero, entonces ¿la belleza es subjetiva?

   De camino a casa me encuentro con un amigo, charlamos unos minutos y sin darme cuenta me enseña la colección de fotos de tías buenas que le han ido mandando al "guasap" -me recuerda a los álbumes de cromos que teníamos de pequeños, pero con menos personajes de dibujos animados y muchas más tetas-, según él, todas son preciosas. Le pregunto sí tiene tantas fotos de su mujer en el móvil como tiene de esas chicas que ni siquiera conoce -y dudo mucho que algunas hasta sean de verdad-, él me mira confuso y se despide siguiendo su camino. No lo entiendo.

   Otro día en el trabajo todas las chicas están revolucionadas con el calendario de los bomberos, y "después de un largo rato de disputas y opiniones" en el Office queda colgado este por la página de noviembre -y eso que quedan unos cuantos meses para llegar-, al menos ellas han sido capaces de decidir quien era el bombero más guapo de los doce, todo un mérito.

   Camino por la calle, me cruzo con cientos de personas, pienso que cada una de ellas seguro que le parece guapísima a alguien y un cardo borriquero a otro, curioso ¿verdad?

   Y así sigo caminando, regreso a casa, vuelvo a ver a mi mujer -que sigue guapísima-, transcurre el resto del día con toda normalidad, me acuesto, duermo, suena el despertador, me levanto, voy a trompicones al baño, me pongo frente al espejo, estudio mis facciones y me pregunto ¿soy guapo? Bueno, quizás mañana encuentre la respuesta, porque ahora mismo son las cuatro y veinte de la madrugada y todo esto me importa un bledo.